miércoles, 22 de mayo de 2013

EL BARROCO: CONTEXTO Y CARACTERÍSTICAS GENERALES




  La literatura barroca se desarrolló en España, fundamentalmente, durante el siglo XVII. Frente a la visión optimista y armónica del Renacimiento, se instala ahora en la literatura un profundo desengaño, un juego continuo entre apariencia y realidad y un estilo artificioso y complejo opuesto al ideal de claridad renacentista. Todo esto estuvo influido por la decadencia política del momento que generó sentimientos pesimistas, de desconfianza y temor.

   Sin embargo, la decadencia política y social no se reflejó en el ámbito cultural que, por el contrario, fue una época brillante, sorpresiva, original e ingeniosa.  El siglo XVII fue un momento de profundos contrastes (poesía profana versus poesía religiosa, grandes fiestas cortesanas versus gran número de pobres...) y junto al siglo XVI,  fue un periodo de plenitud artística, de ahí que se conozca a estos siglos como nuestro Siglo de Oro. A continuación, vamos a ver una presentación que nos aclararán el contexto histórico del Barroco, las diferencias con relación al Renacimiento y algunos autores fundamentales del periodo:


                              El Barroco from Pilar Román
   El siglo XVI y XVII, nuestros Siglos de Oro, fueron la cumbre de nuestra literatura con plumas tan ilustres como Cervantes, Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo... que llevaron a nuestras letras a una altura difícilmente superable. Sobre ellos tratarán las próximas entradas.

LA POESÍA DE LUIS DE GÓNGORA


Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561-1627) fue uno de los máximos representantes de la tendencia culteranista que concedía gran importancia a la forma creando una poesía de gran belleza, metafórica, con abundancia de cultismos de valor sensorial. Su producción poética  puede dividirse en dos grupos:


1. Composiciones en metros cortos de inspiración popular (letrillas y romances):  combina recursos propios de la lírica popular con artificios propios del Barroco. De esta forma, canciones, estribillos y rimas asonantes aparecen estilizados con antítesis, metáforas e hipérboles. Las letrillas oscilan entre lo sentimental y lo burlesco. Un ejemplo de letrilla burlesca es la de "Que se nos va la Pascua, mozas" poema que hemos visto en la entrada de "Carpe diem". Otros poemas burlescos parodian mitos clásicos ensalzando el tópico de "Menosprecio de la corte y alabanza de la aldea", como podemos ver en el siguiente poema:

Ándeme yo caliente
y ríase la gente.

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.


Coma en dorada vajilla 
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente, 
y ríase la gente.


Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas, 
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.


 Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles,
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena 
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente. 

Pase a medianoche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar 
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.


Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada, 
do se juntan ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

    Vamos a escuchar ahora la versión musical que realizó Paco Ibáñez del poema:




Góngora también escribe romances de temática variada (moriscos, de cautivos, amorosos, burlescos...) A continuación, tenéis uno de sus romances amorosos con estribillo más conocidos:

La más bella niña 
De nuestro lugar, 
Hoy viuda y sola 
Y ayer por casar, 
Viendo que sus ojos 
A la guerra van, 
A su madre dice, 
Que escucha su mal:
Dejadme llorar 
Orillas del mar.

Pues me distes, madre,
En tan tierna edad 
Tan corto el placer, 
Tan largo el pesar, 
Y me cautivastes 
De quien hoy se va 
Y lleva las llaves 
De mi libertad,
Dejadme llorar 
Orillas del mar (...)

Dulce madre mía, 
¿Quién no llorará, 
Aunque tenga el pecho 
Como un pedernal, 
Y no dará voces 
Viendo marchitar 
Los más verdes años 
De mi mocedad?
Dejadme llorar 
Orillas del mar.

Váyanse las noches,
Pues ido se han 
Los ojos que hacían 
Los míos velar; 
Váyanse, y no vean 
Tanta soledad, 
Después que en mi lecho 
Sobra la mitad.
Dejadme llorar 
Orillas del mar.

   2. Poesía culta: dentro de esta tendencia destacan los sonetos gongorinos caracterizados por su belleza y su perfección formal. La temática de sus sonetos es variada: amorosos, morales, mitológicos, etc.  Un soneto en el que describe la belleza femenina y recrea el tópico de carpe diem es el famoso "Mientras por competir por tu cabello" que hemos visto ya en la entrada de los tópicos. A continuación tenéis un soneto en el que el cordobés avisa de los efectos engañosos del amor:      
     
                                                          
La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas distilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,
amantes, no toquéis si queréis vida,
porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.
No os engañen las rosas, que a la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno;
manzanas son de Tántalo y no rosas,
que después huyen del que incitan ahora,
y sólo del Amor queda el veneno.

   Veamos ahora un soneto moral en el que Góngora trata un tópico clásico del Barroco: el tempus fugit y la brevedad de la vida:

Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,
que presurosa corre, que secreta
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada sol repetido es un cometa.
Confiésalo Cartago, ¿y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.
Mal te perdonarán a ti las horas;
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.



  Pero, el estilo culterano alcanza su máxima complicación y efectismo en los dos grandes poemas: el Polifemo (1612) y Las Soledades (1613). La Fábula de Polifemo y Galatea, escrita en octavas reales, se basa en un tema mitológico de tradición clásica: el gigante de un solo ojo Polifemo, enamorado de la ninfa Galatea, enfurece de celos al conocer los amores entre la ninfa y el pastor Acis y arroja un peñasco sobre su rival, que queda convertido en río. Es un poema lleno de imágenes, metáforas, hipérbatos de un gran barroquismo y belleza formal en donde el cordobés demuestra su mejor arte culterano. Apreciad el contraste descriptivo entre la ninfa y el cíclope:


Descripción de Polifemo

(...)Un monte era de miembros eminente
Este que —de Neptuno hijo fiero—
De un ojo ilustra el orbe de su frente,
Émulo casi del mayor lucero;
Cíclope a quien el pino más valiente
Bastón le obedecía tan ligero,
Y al grave peso junco tan delgado,
Que un día era bastón y otro cayado.

Negro el cabello, imitador undoso
De las oscuras aguas del Leteo,
Al viento que lo peina proceloso
Vuela sin orden, pende sin aseo;
Un torrente es su barba, impetuoso
Que —adusto hijo de este Pirineo—
Su pecho inunda— o tarde, o mal, o en vano
Surcada aun de los dedos de su mano (...)





Descripción de Galatea

(...) Ninfa, de Doris hija, la más bella,
Adora, que vio el reino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella
El terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella
Lucientes ojos de su blanca pluma:
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno.

Purpúreas rosas sobre Galatea
La Alba entre lilios cándidos deshoja:
Duda el Amor cuál más su color sea,
O púrpura nevada, o nieve roja.
De su frente la perla es, eritrea,
Émula vana. El ciego dios se enoja,
Y, condenado su esplendor, la deja
Pender en oro al nácar de su oreja (...)


  Pero, sin duda, es en las Soledades en donde Góngora nos ofrece su mejor arte culterano, un arte repleto de metáforas, efectos sonoros, hipérbatos resultando un universo brillante y complejo. Según parece, el autor proyectó cuatro soledades aunque sólo compuso la primera y parte de la segunda. En la primera, un joven naúfrago es acogido por unos cabreros que celebran unas bodas. En la Soledad segunda, convive con unos pescadores. En realidad, el argumento no es lo más importante sino el uso de los recursos formales que aportan estilización, sensorialidad, musicalidad, color, brillo y luz. Las Soledades  es una obra de difícil comprensión y en su época suscitó numerosas polémicas entre defensores y detractores.  Os dejo el inicio de su Soledad primera para que juzguéis vosotros mismos:

Era del año la estación florida
en que el mentido robador de Europa
—Media luna las armas de su frente,
Y el Sol todo los rayos de su pelo—,
Luciente honor del cielo,
En campos de zafiro pace estrellas,
Cuando el que ministrar podía la copa
A Júpiter mejor que el garzón de Ida,
—Náufrago y desdeñado, sobre ausente—,
Lagrimosas de amor dulces querellas
Da al mar; que condolido,
Fue a las ondas, fue al viento
El mísero gemido,
Segundo de Arïón dulce instrumento.

  El magisterio de Góngora dio origen a una escuela poética gongorina o culterana pero su influjo no terminó ahí. En el siglo XX, Dámaso Alonso explicó los versos de la obra para hacerlos más asequibles al público y el estilo metafórico y embellecido del cordobés ha traspasado su propia época, pues generación posteriores de poetas lo han admirado y seguido (como así  lo hicieran los poetas de la Generación del 27).

LA POESÍA DE FRANCISCO DE QUEVEDO

  Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580- Villanueva de los Infantes, 1645) fue uno de los escritores más relevantes de nuestro barroco, un gran escritor que manejaba de forma magistral el idioma castellano y un hombre de profundos contrastes como se refleja en su propia obra: sonetos amorosos sublimes y sátiras misóginas, poemas religiosos y otros humorísticos o mordaces... Los contrastes barrocos están muy presentes en su producción literaria, un producción amplísima, ya que cultivó todos los géneros en su época. Quevedo fue uno de los máximos representantes de la tendencia conceptista basada en la asociación ingeniosa de palabras e ideas. Los recursos más empleados serán las dilogías, paradojas, antítesis, elipsis, equívocos...  Si quieres conocer más sobre este autor y su obra entra en Fundación Francisco de Quevedo. Nosotros, en esta ocasión,  vamos a centrarnos en su trayectoria poética en la que podemos distinguir:

 1. Poemas amorosos: Quevedo cultivó una poesía de corte petrarquista de lenguaje conceptual, con empleo de paradojas y siguiendo la línea del amor cortés y la poesía del Cancionero. En este grupo se encuentra el famoso soneto, "Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra..." que tenéis en el libro. Os dejo este otro soneto en el que con el uso de paradojas intenta definir la naturaleza contradictoria del amor:

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida, que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido, que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

 

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.



Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:

mirad cuál amistad tendrá con nada,

el que en todo es contrario de sí mismo.




  2. Poesía satírica y burlesca: Quevedo abordó la sátira social en diversas composiciones (sonetos, romances y letrillas). Sus mordaces ataques se dirigen a médicos ( a los que consideraba unos "matasanos"), viejas que con cosméticos aparentan ser jóvenes, boticarios, pasteleros... Para todos tiene una crítica burlona y satírica. Y archiconocida fue su enemistad con otro gran poeta del momento, Luis de Góngora al que dirigió las siguientes lindezas poéticas:

Yo te untaré mis obras con tocino,
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino.
Apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin christus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y, en la Corte, bufón a lo divino.
¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?
No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.

         Y siguiendo con su enconado odio al cordobés, escribió el famoso soneto "Érase un hombre a una nariz pegado", un poema hiperbólico en el que exagera el tamaño de la nariz de Góngora con un estilo humorístico difícil de olvidar:                                                                

A UN HOMBRE DE GRAN NARIZ
            Érase un hombre a una nariz pegado, 
            Érase una nariz superlativa,
            Érase una alquitara medio viva,
            Érase un peje espada mal barbado;
            Era un reloj de sol mal encarado.
            Érase un elefante boca arriba,
            Érase una nariz sayón y escriba,
            Un Ovidio Nasón mal narigado.
            Érase el espolón de una galera,
            Érase una pirámide de Egito,
            Los doce tribus de narices era;
            Érase un naricísimo infinito,
            Frisón archinariz, caratulera,
            Sabañón garrafal morado y frito.

  

También Quevedo se burlará de los mitos clásicos, parodiando el famoso mito de Apolo y Dafne que el caballero Garcilaso de la Vega nos ofreciera con sus versos suaves y armónicos:  "A Dafne ya los brazos le crecían". Atended  a la versión barroca de Quevedo, en la que el amor se concibe como algo material , Apolo es parodiado y Dafne es una mera mercancía de placer; el empleo de un lenguaje de germanía despoja al mito de toda aureola clásica:

                                                
                                                  Bermejazo platero de las cumbres,
                                                  a cuya luz se espulga la canalla
                                                  la ninfa Dafne, que se afufa y calla,
                                                  si la quieres gozar, paga y no alumbres.

Si quieres ahorrar de pesadumbres,
ojo del cielo, trata de compralla:
en confites gastó Marte la malla,
y la espada en pasteles y en azumbres.

Volvióse en bolsa Júpiter severo;
levantóse las faldas la doncella
por recogerle en lluvia de dinero.

Astucia fue de alguna dueña estrella,
que de estrella sin dueña no lo infiero:
Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.


   Otro poema de tono paródico muy conocido de Quevedo es la letrilla "Poderoso caballero es don dinero", un poema en el que el autor juega con la ironía y los dobles sentidos, un tema que ya trató el Arcipreste de Hita y que sigue teniendo plena vigencia en los tiempos actuales. Escuchad con atención la letra del poema en la versión musical de Paco Ibáñez:



                          

    3. Poemas metafísicos y morales- Por último, y no por ello menos importantes, vamos a tratar los poemas quevedescos de contenido filosófico en los que se plantean los más graves problemas de la existencia humana: el tempus fugit, el desengaño vital, la muerte, la caducidad de los bienes materiales...        

                    


«¡Ah de la vida!»... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la Salud y la Edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el Hoy y Mañana y Ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.